Para combatir el excesivo calor que hace estas noches, me decidí a salir una noche para tomar unos cócteles por la Ciudad Condal. Reconozco que no soy muy fan de los cócteles y menos aún si están excesivamente recargados.
Decidido a descubrir nuevos locales, me dejo llevar por la urbe y hago mi primera parada en el Milano, situado en Ronda Universitat 35. Su cartel lo dice todo: neones old fashioned encendidos de seis de la tarde a tres de la mañana y una copa de Martini...vacía.
Combina estupendamente el concepto de cocktelería old school con una carta extensa y apta para todos los gustos. Para los más arriesgados: el Zombie o el Manhattan. Para los de paladar más delicado: los daiquiris frutales (de fresa, mango...). Y por supuesto los Gin Tonics.
La ambientación es classy: asientos con terciopelo rojo, mesitas de madera y reservados cómodos; los camareros educadísimos y muy atentos. Por la noche pasan proyecciones de películas en blanco y negro y si tienes suerte, disfrutarás de alguna actuación en directo. Y lo que más sorprende es que a partir de las 0:00 siempre está lleno...¡pero siempre encuentras un hueco!
Decadencia retro y elegancia cómoda, ideal para citas después del trabajo, con compañeros del mismo que te interese ver en un ambiente más relajado. Un lugar atemporal que no conoce de modas ni edades.
Cerca de la Plaza de Sant Jaume encontramos el Ginger Club. Tiene dos entradas porque ocupa el bajo de un edificio que hace esquina con dos estrechas calles del Gótico, cada una de las cuales tiene una puerta de acceso. Dependiendo de si entras por una u otra quizás el ambiente del local sea un pelín diferente. Por la de la calle Lledó te quedará claro que te has metido en una coctelería y si lo haces por la de Palma de Sant Just quizás creas que estás en un coqueto bar de tapas con muy buenos vinos. Si fuese este el caso no estarías muy desencaminado porque tienen una reducida pero muy exquisita carta de comidas más o menos rápidas: tartaletas, brochetas, ensaladas... Y una selección de vinos nada despreciable.
Decidido a descubrir nuevos locales, me dejo llevar por la urbe y hago mi primera parada en el Milano, situado en Ronda Universitat 35. Su cartel lo dice todo: neones old fashioned encendidos de seis de la tarde a tres de la mañana y una copa de Martini...vacía.
Combina estupendamente el concepto de cocktelería old school con una carta extensa y apta para todos los gustos. Para los más arriesgados: el Zombie o el Manhattan. Para los de paladar más delicado: los daiquiris frutales (de fresa, mango...). Y por supuesto los Gin Tonics.
La ambientación es classy: asientos con terciopelo rojo, mesitas de madera y reservados cómodos; los camareros educadísimos y muy atentos. Por la noche pasan proyecciones de películas en blanco y negro y si tienes suerte, disfrutarás de alguna actuación en directo. Y lo que más sorprende es que a partir de las 0:00 siempre está lleno...¡pero siempre encuentras un hueco!
Decadencia retro y elegancia cómoda, ideal para citas después del trabajo, con compañeros del mismo que te interese ver en un ambiente más relajado. Un lugar atemporal que no conoce de modas ni edades.
Cerca de la Plaza de Sant Jaume encontramos el Ginger Club. Tiene dos entradas porque ocupa el bajo de un edificio que hace esquina con dos estrechas calles del Gótico, cada una de las cuales tiene una puerta de acceso. Dependiendo de si entras por una u otra quizás el ambiente del local sea un pelín diferente. Por la de la calle Lledó te quedará claro que te has metido en una coctelería y si lo haces por la de Palma de Sant Just quizás creas que estás en un coqueto bar de tapas con muy buenos vinos. Si fuese este el caso no estarías muy desencaminado porque tienen una reducida pero muy exquisita carta de comidas más o menos rápidas: tartaletas, brochetas, ensaladas... Y una selección de vinos nada despreciable.
Pero para mí es "La coctelería". Los negronis son exquisitos, logran el punto perfecto de amargura, algo que parece fácil pero no lo es. La carta ofrece los clásicos cócteles, nada de inventos de dudosa autoría local... Eso sí, si de repente tienes el día cretivo y se te ocurre una mezcla imposible, muy solícitos ellos, te la preparán sin problema.
Es un lugar cálido en cuanto a decoración: reina la abundancia de colores amarillos, naranjas, rojizos, camel... Pero sin estridencias, todo dentro de una gama muy setentera de barra, suelos y paredes de madera. Los asientos son de algún sucedáneo de piel, seguramente sky, en versión sofá o taburete. El local se divide en niveles lo que consigue crear varios ambientes separados pero integrados al mismo tiempo. Si encuentras alguna mesa libre, te tirarás un buen rato allí. Y es que, aún encima, la música siempre es buena: Tom Waits, Bill Evans, Leonard Cohen, John Coltrane... Y contribuye en gran medida a hacer del Ginger un lugar favorito dentro de Barcelona.
Conforme la noche avanza empezamos a pagar sus excesos y buscamos refugio en el Negroni situado en la calle Joaquín Costa, 46. El Negroni es un must de la escena alternativo-intelectual de esta ciudad. Si te da pereza este ambiente, evítalo.
Es un local pequeño y de decoración bastante fría aunque repleto de gente: los fines de semana está lleno y entre semana tampoco lo encontrarás nunca vacío. Si quieres tirarte horas y horas tomando cócteles cómodamente hasta que no sepas cómo te llamas, no es el sitio más apropiado: es casi imposible encontrar la mesa con butacas del fondo libre. Pero incluso yo que soy muy de sentarme en la barra, la del Negroni no me parece demasiado cómoda. Creo que es el lugar ideal para ir entre semana o los fines de semana por la tarde-noche y con un grupo no muy grande de gente. Personalmente creo que los cócteles los hacen muy bien, especialmente el que le da nombre que es uno de mis favoritos. También los pagas, ojo, y si quieres con tarjeta.
Conforme la noche avanza empezamos a pagar sus excesos y buscamos refugio en el Negroni situado en la calle Joaquín Costa, 46. El Negroni es un must de la escena alternativo-intelectual de esta ciudad. Si te da pereza este ambiente, evítalo.
Es un local pequeño y de decoración bastante fría aunque repleto de gente: los fines de semana está lleno y entre semana tampoco lo encontrarás nunca vacío. Si quieres tirarte horas y horas tomando cócteles cómodamente hasta que no sepas cómo te llamas, no es el sitio más apropiado: es casi imposible encontrar la mesa con butacas del fondo libre. Pero incluso yo que soy muy de sentarme en la barra, la del Negroni no me parece demasiado cómoda. Creo que es el lugar ideal para ir entre semana o los fines de semana por la tarde-noche y con un grupo no muy grande de gente. Personalmente creo que los cócteles los hacen muy bien, especialmente el que le da nombre que es uno de mis favoritos. También los pagas, ojo, y si quieres con tarjeta.


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