Cita del día

“He buscado a través de lo físico, lo metafísico, lo delirante, … y vuelta a empezar. Y he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida. Sólo en las misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica”. (John F. Nash)

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viernes, 27 de julio de 2012

Cócteles en la Ciudad Condal

Para combatir el excesivo calor que hace estas noches, me decidí a salir una noche para tomar unos cócteles por la Ciudad Condal. Reconozco que no soy muy fan de los cócteles y menos aún si están excesivamente recargados. 
Decidido a descubrir nuevos locales, me dejo llevar por la urbe y hago mi primera parada en el Milano, situado en Ronda Universitat 35. Su cartel lo dice todo: neones old fashioned encendidos de seis de la tarde a tres de la mañana y una copa de Martini...vacía. 

Combina estupendamente el concepto de cocktelería old school con una carta extensa y apta para todos los gustos. Para los más arriesgados: el Zombie o el Manhattan. Para los de paladar más delicado: los daiquiris frutales (de fresa, mango...). Y por supuesto los Gin Tonics.

La ambientación es classy: asientos con terciopelo rojo, mesitas de madera y reservados cómodos; los camareros educadísimos y muy atentos. Por la noche pasan proyecciones de películas en blanco y negro y si tienes suerte, disfrutarás de alguna actuación en directo. Y lo que más sorprende es que a partir de las 0:00 siempre está lleno...¡pero siempre encuentras un hueco!
Decadencia retro y elegancia cómoda, ideal para citas después del trabajo, con compañeros del mismo que te interese ver en un ambiente más relajado. Un lugar atemporal que no conoce de modas ni edades.


Cerca de la Plaza de Sant Jaume encontramos el Ginger ClubTiene dos entradas porque ocupa el bajo de un edificio que hace esquina con dos estrechas calles del Gótico, cada una de las cuales tiene una puerta de acceso. Dependiendo de si entras por una u otra quizás el ambiente del local sea un pelín diferente. Por la de la calle Lledó te quedará claro que te has metido en una coctelería y si lo haces por la de Palma de Sant Just quizás creas que estás en un coqueto bar de tapas con muy buenos vinos. Si fuese este el caso no estarías muy desencaminado porque tienen una reducida pero muy exquisita carta de comidas más o menos rápidas: tartaletas, brochetas, ensaladas... Y una selección de vinos nada despreciable.

Pero para mí es "La coctelería". Los negronis son exquisitos, logran el punto perfecto de amargura, algo que parece fácil pero no lo es. La carta ofrece los clásicos cócteles, nada de inventos de dudosa autoría local... Eso sí, si de repente tienes el día cretivo y se te ocurre una mezcla imposible, muy solícitos ellos, te la preparán sin problema.
Es un lugar cálido en cuanto a decoración: reina la abundancia de colores amarillos, naranjas, rojizos, camel... Pero sin estridencias, todo dentro de una gama muy setentera de barra, suelos y paredes de madera. Los asientos son de algún sucedáneo de piel, seguramente sky, en versión sofá o taburete. El local se divide en niveles lo que consigue crear varios ambientes separados pero integrados al mismo tiempo. Si encuentras alguna mesa libre, te tirarás un buen rato allí. Y es que, aún encima, la música siempre es buena: Tom Waits, Bill Evans, Leonard Cohen, John Coltrane... Y contribuye en gran medida a hacer del Ginger un lugar favorito dentro de Barcelona.

Conforme la noche avanza empezamos a pagar sus excesos y buscamos refugio en el Negroni situado en la calle Joaquín Costa, 46. El Negroni es un must de la escena alternativo-intelectual de esta ciudad. Si te da pereza este ambiente, evítalo.

Es un local pequeño y de decoración bastante fría aunque repleto de gente: los fines de semana está lleno y entre semana tampoco lo encontrarás nunca vacío. Si quieres tirarte horas y horas tomando cócteles cómodamente hasta que no sepas cómo te llamas, no es el sitio más apropiado: es casi imposible encontrar la mesa con butacas del fondo libre. Pero incluso yo que soy muy de sentarme en la barra, la del Negroni no me parece demasiado cómoda. Creo que es el lugar ideal para ir entre semana o los fines de semana por la tarde-noche y con un grupo no muy grande de gente. Personalmente creo que los cócteles los hacen muy bien, especialmente el que le da nombre que es uno de mis favoritos. También los pagas, ojo, y si quieres con tarjeta.

lunes, 23 de julio de 2012

Postal desde la cama

Los versos perdidos
de un tiempo ya olvidado.

Paseos en una cama cualquiera
donde tu y yo
desconocidos, ausentes,
no existíamos.

(II acto)
Yace desnudo un cuerpo, luego otro y otro más.
Solo, en ese punto de un eje cartesiano
de otra función sin resolver.

Continuado como una fractal infinita en la distancia.
Ondas sísmicas rebotando contra los estanques
de átomos vacíos.

Mi travesía es el dibujo, torpe,
de una mano hiriente en la piel.

Remos contra el agua. Un bucle finito,
hasta detener la vida.

En las lejanías de un sueño, un niño canta en la orilla.
Otro espejismo... 

(III acto, FIN)
Y la ciudad se hace enorme.
Calles estrechadas en un agujero de gusano
transportando excesivas vidas.

Afluentes de selvas salvajes en la lucha por la constancia.
¡El hombre, otra vez el hombre!
Ícaro preso en la burbuja de cristal... Libérame.

Repetimos las historias de antaño.
Caminamos por donde ya estuvimos.

Montamos un puzzle dimensional envejecido
y somos nosotros mismos.

Y en las noches oigo tu figura desnuda
en la orilla de sábanas adormecidas.

Hotel Chelsea. El último templo de la bohemia echa el cierre

Al caer la noche en Nueva York, se ilumina Times Square y, a unas manzanas de allí, Bob Dylan compone algún tema dedicado a Sara en  una habitación de hotel. Dos pisos más abajo Andy Warhol dirige a sus "Chelsea girls" y en la estancia contigua, Stanley kubrick escribe el guión de su próxima película. Una noche cualquiera en el Chelsea Hotel de Manhattan, la meca neoyorquina de algunos de los grandes genios del S. XX.

El Hotel se construyó en el año 1883, enel 222 Oeste de la calle 23rd a medio camino entre la Séptima y la Octava Avenida de la isla de Manhattan. Fue el edificio más alto de la ciudad hasta 1902. También acogió a los supervivientes del Titanic a su llegada a la "gran manzana".

Pero estos hechos no serían los que harían del hotel un lugar especial, sino la ingente cantidad de huéspedes que tuvo  -algunos de ellos, residentes de larga temporada, procedentes del mundo de la cultura. Es por eso que el Chelsea se erigió como sistema nervioso central para todo el tejido neuronal artístico que recorría cada día las calles de Nueva York.

El hotel no acepta más reservas desde el 31 de Julio de 2011. En la actualidad solo pueden residir en el los que viven de forma fija. Y precisamente, los propietarios, han decidido ponerlo a la venta ya que no llegan a un acuerdo para acometer las reformas que necesita el edificio. Hasta que no se resuelva el conflicto del hotel, nadie podrá hospedarse en una de sus habitaciones para rememorar las vivencias de una jovencísima, pero ya ambigua Patti Smith. La compositora comenzó a vivir deprisa en una de sus estancias, que nunca se dignó a pagar. Smith y su compañero, el fotógrafo Robert Mapplethorpe, llegaban al Chelsea a finales de los sesenta para compartir el lugar donde residían sus ídolos y vagabundeaban por sus pasillos como fantasmas atónitos a cada cruce con un genio.

Leonard Cohen y Janis joplin pasaron una noche juntos en el hotel y de esa unión surgió, a través de la mente del canadiense, la famosa canción Hotel Chelsea number 2. 

Bob Dylan escribió algunas de sus mejores composiciones en este hotel. EN ese mismo edificio, murió el poeta del que tomó su nombre, Dylan Thomas. El escritor galés, quien dedicó su vida al poesía y a la bebida, se marchó al otro lado por una intoxicación etílica. La última frase que acuñó sobre un papel: "He bebido 18 vasos de whisky, creo que he batido un récord".

Stanley kubrick pasó alguna que otra noche en él y coincidió con Sir Arthur C. Clark, bebedor empedernido y escritor de "2001: una odisea en el espacio". Clark adaptó su novela para engnedrar un guión cinematográfico que se convertiría en una de las obras maestras de Kubrick. Muchos años después, el actor Etham Hawke se refugió en el emblemático edificio con Uma Thurman, tras lo cual rodó su primera película com director "Chelsea Walls". El film relata la vida de unos jóvenes que se alojan en el hotel con el fin de que los viejos fantasmas que habitaron esas paredes les inspiren.

El edificio de ladrillo rojo está a menudo bañado por la sangre. El 12 de Octubre de 1978 fallecía Nancy Spungen, novia de Sid Vicius, el más salvaje de los Sex Pistols. Lo haría asesinada, presuntamente, a manos de su pareja. Otras teorías apuntan a que se trató de un ajuste de cuentas relacionado con las drogas. El homicidio nunca se esclareció.

Se sabe que el dueño del hotel, Stanley bard, aceptaba a menudo obras de los numerosos pintores que allí residían com forma de pago por los servicios del hotel. Es por ello que el hotel acumula una importante colección de arte desde Chagall pasando por Frida Kalo y su compañero Diego Rivera o Alhaeus Cole que vivió durante más de treinta años en el hotel.

Queda clausurada una época histórica. Probablemente, nunca vuelva a pasar tanto en un edificio, Probablemente este hotel sea el último templo de la bohemia.