Hace tiempo que no escribo. No hay nada mejor que tomar distancia de las cosas, para darle el valor y la importancia que tienen. La publicación de mi segundo libro acapara cada pequeño momento de creatividad que puedo tener. Estos días de vacaciones me han servido para pensar e intentar ordenar, con mayor o menor acierto, mis ideas. No hay nada como parar a coger aire para seguir haciendo equilibrios sobre la palabra escrita. En definitiva, escribir no es otra cosa que balancearte sobre palabras que den forma a las visiones personales de lo que ocurre en el mundo. El mundo está cambiando tan rápido que no somos conscientes de dichos cambios hasta que no han calado en la sociedad. Posicionarse es, hoy en día, un ejercicio de responsabilidad moral y ética ante el abuso de la clase política y económica.
Las redes sociales son importantes pero no son el centro de la información. Son una herramienta más de la revolución tecnológica. El número de seguidores o comentarios posiblemente haga crecer tu ego pero nunca tu inteligencia. Se audaz. Tenemos mucha tecnología a nuestro alcance pero se nos ha acabado la paciencia, las ganas de escuchar, debatir y enriquecernos. Nos vale con el ruido, el nuevo opio para estos tiempos encabronados. El ruido no cambia las cosas. La acción, sí. Hace falta sacar la furia a la calle. Haríamos bien en invertir toda esa rabia que circula por internet, en salir a la calle, movilizarnos, decirles a los culpables de la crisis que no tragamos. Que ese 99% de la población va a cambiar de rumbo la situación pero sin ellos, sin los culpables.
La libertad de expresión está por encima de todo y de todos. No uses una máscara, ellos no lo hacen. La limpieza en la Radio televisión pública así lo demuestra o los cambios de leyes para favorecer a sectores retrógrados de la iglesia en favor de la segregación por sexos. Da la cara, eso les produce aún más miedo.
¿Para qué y cómo usaremos tanta tecnología? El principal uso es que debe de servir al enriquecimiento de la sociedad. Compartir es ahora más que nunca un acto de rebeldía ante un sistema antiguo e injusto. Robar es delito, compartir no. El conocimiento ha de ser libre. Podremos ser una sociedad interconectada y justa, que reclama información libre a la vez que da voz y oportunidades, o una red de ociosos burgueses quejicas e intolerantes. De nosotros, depende.
Hay que mover el culo junto al ratón del ordenador. ¿Hacen falta más ejemplos de revoluciones, de gritos populares por una sociedad más equilibrada? El poder es nuestro y parece que lo hemos olvidado. El hacktivismo es una parte más del movimiento en la calle. Ambas formas no son sustitutorias la una de la otra, son complementarias.
Hay más gente buena que mala. Siempre ha sido así y siempre lo será. Pero, para que el mal triunfe lo único que necesita es que las buenas personas no hagan nada. Levantemos los cadáveres que aún permanecen en las cunetas. No me mueve la venganza. Lo hace la justicia.
Los periodistas (o lo que queda de ellos) están embobados con las redes. Utilizan las "entradas" como noticias (la mayoría de veces es mera cotidianidad) y no se molestan en confirmar o documentar. Una prueba más de la decadencia errática de la profesión.
La nueva censura son los intereses empresariales de las empresas de comunicación supeditados a la influencia de los poderes económicos. Busca, contrasta y vuelve a contrastar. Apaga la tele y sal a la calle. Búscate las fuentes de información. Aplica tu sentido común, selecciona y acércate a la verdad.
Lo más saludable es una buena comida con los amigos que dos horas en internet. Veo a parejas desayunando mirando cada uno su móvil. De tanta conectividad parece que hemos perdido la comunicación verbal. Triste.
Es muy probable que el mundo esté cambiando pero el mejor cambio será el que nosotros queramos darle a la simbiosis que nos rodea. Ese es nuestro gran logro.


No hay comentarios:
Publicar un comentario