Caminando por las calles mojadas y algo desiertas de mi nueva ciudad recordé un momento vivido en Bangkok cuando en un tugurio me hablaron de la ciudad amurallada de Kowloon. Un enclave crecido sin ningún criterio arquitectónico ni urbanístico. Sus calles eran tan angostas que el sol no llegaba a tocar el suelo. Los habitantes se desplazaban por ella utilizando plataformas a diversas alturas. Fue destruida en el año 1992.
Kowloon a principios de los 90
En el imaginario colectivo occidental Hong Kong es una ciudad absolutamente trepidante, un cruce de caminos que más bien parece un choque de trenes entre Oriente y Occidente; el Manhattan del Sureste asiático. El estatus colonial de la ciudad durante casi todo el siglo XX propició un irresistible desarrollo económico que la llevó a ser una potencia económica de primera fila. Aún en la actualidad, y pese a pertenecer a China, es uno de los lugares donde existe mayor libertad económica. Hong Kong, con su mestizaje a machetazos y sus pelis de artes marciales se ganó la fama de poseer una idiosincrasia rayana en la anarquía, fama que, en muchos casos, está más que merecida.
Pero si hubo un lugar de Hong Kong donde la anarquía era una forma de vida, ese fue la Ciudad Amurallada de Kowloon. Oficialmente se trataba de un enclave chino en territorio británico, en realidad era una isla de cemento sacada de una distopía de pesadilla, un mamotreto laberíntico donde la densidad de población era la más alta de la Tierra, una especie de mundo aparte donde las reglas, todas, eran otras. Más de trescientos edificios se apiñaban en una superficie de dos hectáreas y media, y allí se apelotonaban burdeles, fumaderos de opio, clínicas ilegales y restaurantes de carne de perro mezclados con iglesias y colegios. Miles de personas nacían, crecían y vivían allí sus vidas, en opresivos y oscuros callejones que todavía desafían la imaginación.
El relato de la historia de esta ciudad, demolida hace casi 20 años es la historia de miles de personas agrupadas en un espacio de apenas 100 por 200 metros de área. La historia de una minúscula ciudad sin ley, gestionada por sus propios habitantes y enclavada en el interior de la próspera Hong Kong.
Orígenes
El establecimiento de la ciudad se remonta a la dinastía Song. Durante aquella época, era un puesto de vigilancia contra los piratas de la zona que amenazaban el comercio de sal. La ciudad estaba situada en la Península de Kowloon, junto a la Isla de Hong Kong, y fue reconstruida a mediados del siglo XIX como fortaleza.
Cuando la isla de Hong Kong fue cedida al imperio británico en 1842, las autoridades chinas creyeron necesario mantener un punto de control para supervisar la actividad de la zona y el cumplimiento de los acuerdos. Kowloon fue el lugar elegido, convirtiéndose en un enclave chino dentro del territorio británico (vamos, algo parecido a lo que representa Gibraltar hoy en día).
La ciudad amurallada en 1915
El convenio para la anexión de Nuevos Territorios firmado entre China y Gran Bretaña para la cesión de tierras excluía a la Ciudad Amurallada, lo que permitía a China mantener una tropa en el lugar, mientras no entorpeciese la actividad británica. En aquella época, la población de Kowloon no llegaba a 700 personas. Sin embargo, tan sólo un año después, Gran Bretaña se arrepentió del acuerdo y, de forma no oficial, decidió acabar con la base militar existente, atacándolo en 1899.
A pesar de ello, una vez destruído el emplazamiento militar, la Ciudad Amurallada de Kowloon siguió permaneciendo en un limbo legal, fuera de la ley británica pero en el corazón de la colonia. Se desarrolló como un vecindario típicamente chino, con sus propias costumbres. Dado que su comercio no representaba ningún peligro, las autoridades británicas dejaron evolucionar en paz a la ciudad, factor clave para su desarrollo.
Construcción y desarrollo
Al ver la ciudad desde el aire, impresiona la enorme densidad de edificios de la misma, sin dejar apenas resquicios entre los mismos. Las casas se levantaban unas sobre otras, hasta un límite de 14 alturas, marcado porque era el máximo al que se podía llegar para no entorpecer el tráfico aéreo de la vecina Hong Kong, cuyos aviones pasaban rozando las azoteas de las casas.
Los edificios de la ciudad se apiñaban unos junto a otros, siendo las calles más amplias de apenas un metro de anchura. Es entonces cuando uno se explica porque la ciudad se mantenía en pie, a pesar de la desastrosa construcción: las casas, simplemente, se apoyaban unas sobre otras.
Imagen aérea de la ciudad
El progresivo crecimiento de los edificios, sin embargo, respeto un único espacio: el templo Tin Hau, construído en 1951 y situado en el centro de la ciudad. Dicho templo perdió progresivamente todo atisbo de luz solar a medida que los edificios crecían a su alrededor, hasta que tuvieron que protegerlo con una rejilla para impedir que cayera basura sobre el mismo.
Las únicas dos normas de construcción eran la ya conocida del límite de altura y una segunda norma que establecía que la instalación eléctrica estuviera al descubierto para poder poder abordarla en caso de incendio, dando lugar a una maraña de cables y tuberías que cruzaban todas las calles de la ciudad e impedían el paso de la ya de por sí escasa luz solar que recibían.
En cuanto al suministro de agua, ocho puntos de agua proveían a la totalidad de la población, cortesía de las autoridades de la vecina Hong Kong.
Vida en la ciudad
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la rendición de Japón, el recinto se convirtió en un reducto donde se agrupaban los habitantes ilegales, los que ya había y, sobre todo, los recién llegados, cuyo número aumento en 1949 tras la fundación de la República Popular China, que provocó la llegada de cientos de nuevos refugiados.
Kowloon era también conocida como “la ciudad de la oscuridad”, debido a que el apiñamiento de edificios había relegado a la ciudad a vivir iluminada de día y de noche por la luz de las lámparas fluorescentes.
La ciudad de Kowloon era una especie de estado al margen de la ley, autoregulada y autosuficiente. Era la ciudad más independiente que ha conocido la historia de la humanidad, un espacio al margen del resto del mundo en el que no existía la autoridad.
La vida en la ciudad era, según sus habitantes, un “armonioso estado de anarquía”. A pesar de que la policía de Hong Kong no entraba en la ciudad, existía en la misma un grupo de voluntarios que ejercían funciones de vigilancia y, en general, trataban de mantener la paz.
Los Británicos intentaron desalojar Kowloon en numerosas ocasiones, hasta que finalmente desistieron en 1948. La ciudad se convirtió entonces en un enclave irreductible con una intensa actividad comercial. Dicha actividad comprendía sobre todo el tráfico de opio y alcohol, así como la prostitución, ante la incapacidad legal de la policía de Hong Kong para actuar en el recinto.
La “ciudad sin ley” era conocida por sus excesos, sus fumaderos de Opio, sus traficantes de cocaína, sus casinos, los puestos de comida en los que se servía carne de perro y las fábricas secretas de falsificaciones diversas. Por otra parte, Kowloon también era famosa por la cantidad de dentistas que trabajaban en la ciudad, de forma totalmente antihigiénica, debido a podían ejercer sin licencia y sus precios eran asequibles para la fuerte demanda de Hong Kong.
Los Británicos intentaron desalojar Kowloon en numerosas ocasiones, hasta que finalmente desistieron en 1948. La ciudad se convirtió entonces en un enclave irreductible con una intensa actividad comercial. Dicha actividad comprendía sobre todo el tráfico de opio y alcohol, así como la prostitución, ante la incapacidad legal de la policía de Hong Kong para actuar en el recinto.
La “ciudad sin ley” era conocida por sus excesos, sus fumaderos de Opio, sus traficantes de cocaína, sus casinos, los puestos de comida en los que se servía carne de perro y las fábricas secretas de falsificaciones diversas. Por otra parte, Kowloon también era famosa por la cantidad de dentistas que trabajaban en la ciudad, de forma totalmente antihigiénica, debido a podían ejercer sin licencia y sus precios eran asequibles para la fuerte demanda de Hong Kong.
Últimos días
Con el tiempo, tanto las autoridades británicas como las chinas calificaron de intolerable la situación del recinto, debido al elevado índice de criminalidad y las insalubres condiciones de vida, acordando finalmente su demolición en 1987.
En 1991 comienzo a desalojarse la ciudad, que por aquel entonces había alcanzado la impresionante cifra de 50.000 habitantes. Esto arrojaba una densidad de población de 1.900.000 habitantes por kilometro cuadrado, convirtiendo a la antigua Kowloon en la ciudad más densamente poblada de la historia de la humanidad.
Para que os hagáis una idea de lo que esto significaba, la densidad de población de Nueva York es de 91 personas por hectárea. La de Kowloon, en comparación, era de 13.000 personas por hectárea.
Al evacuar la ciudad, sus habitantes fueron reubicados y recibieron ayudas económicas, aunque a pesar de ello muchos se resistían a abandonarla, considerando insignificantes las indemnizaciones. No sería hasta 1993 cuando por fin se vació la ciudad y comenzó la demolición.
Sin embargo, en sus últimos años, antes de destruir la ciudad por completo, se aprovechó para filmar varias películas en la misma, Jackie Chan, por ejemplo, protagonizó una cinta de artes marciales titulada “Crime Story”, que incluía escenas de las explosiones reales. Otra de las películas rodadas en Kowloon fue “Bloodsport”, de Jean-Claude Van Damme. El opresivo y oscuro aspecto de la pequeña ciudad la convertía en un auténtico infierno urbano, un paisaje que inspiró también videojuegos como “Shenmue II”.
Viviendas hacinadas
Actualmente, en el lugar donde estaba la microciudad se levanta un enorme parque de estilo tradicional chino, cuya única construcción es una pagoda.
Parque donde se situaba la ciudad de Kowloon
Este vídeo (en alemán, subtítulos en inglés), comercial y narrado al modo de una antropología de materialismo cultural en una sociedad industrial, expone la dureza de la vida allí dentro, atento a las condiciones de producción, mafias y autoabastecimiento (una ciudad invisible de Italo Calvino a la que se le ha eliminado el elemento “érase una vez” que la sacaba del tiempo o la leyenda).
Este otro vídeo, no comercial y elaborado una vez la ciudad fuera derruida, presenta a Kowloon como objeto nostálgico al estilo de una especie natural dramáticamente extinta o de una Madre Naturaleza perdida (ciertos tokios de Ozu en mezcla con La casa de la pradera).
Incluso, ya para nota, hay un vídeo más: alguien hizo una maqueta de la ciudad que, sin estructura conocida, en buena lógica carece de toda representación omnisciente, sólo es dada a miradas parciales.





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