A pesar del momento actual que atraviesa el ser humano y con él los avances científicos y técnicos en los más diversos campos experimentales, en la actualidad parece imposible la realización de la creación frankensteiana en una máquina no sólo pensante, también dotada de conciencia propia.
Los problemas a los que los investigadores se ven enfrentados en los más sinuosos terrenos no son otros que la ingeniería mecánica no dispone de logros para desarrollar motricidad en exoesqueletos de metal y fibra. La ingeniería eléctrica aún no cuenta con dispositivos muy reducidos capaces de suministrar energía casi de manera inagotable o altamente duradera. La electrónica tampoco obtiene resultados fiables para la construcción de un cerebro artificial complejo basado principalmente en los potentes chips de silicio. Y la ingeniería informática es incapaz de resolver las intrincadas ecuaciones lineales o no (teoría del caos) y de descubrir nuevos algoritmos capaces de reproducir mediante dígitos los estímulos, percepciones, cognición y manipulación humanas.
Pera tal vez sea el campo de la informática el que más retrasado va respecto a los antes mencionados. Resulta complicado imaginar y desarrollar el software ya que las ciencias psíquicas aún no disponen de un desarrollo asentado y con un soporte lógico suficientemente estable para reproducirlo en algoritmos sin miedo a perder su control o conflictos internos que harían que dicho software entrara en un bucle de conflictos sin retornos.
Para ser inteligentes deben de contar con medios para interaccionar con el espacio en el que se van a desarrollar y dotar a su cerebro computerizado de capacidad de aprendizaje, sin olvidar que si llegasen a tomar conciencia de si mismas cada máquina buscaría su lugar y sus objetivos dependiendo de su propia psique. Necesitarían disponer de una enorme fuente de almacenamiento para guardar la cantidad de datos que procesarían y razonar sobre ellos.
Llegados a este punto debemos de recordar que el ser humano no es sólo razón, también están en el los impulsos y el irraciocinio como su otro yo relevante. ¿Qué porcentaje emplearían las máquinas en cada decisión utilizando razón y su “propia” ilógica originada tal vez por su aprendizaje y sus recuerdos?
Situémonos en el Madison square Garden de New York. Allí se enfrentaban el campeón del mundo de ajedrez Kasparov y la computadora creada por la corporación IBM “Deep blue”. En su primer enfrentamiento kasparov ganó porque utilizó varios momivientos digamos un tanto ilógicos sin conocer él mismo el resultado que tendrían sobre el desarrollo de la partida y su posterior conclusión final. Es decir la máquina utilizaba su lógica pero no estaba preparada para la improvisación humana aunque está llevase un alto índice de riesgo haciendo movimientos anormales o suicidas.
Retado nuevamente, Los programadores reajustaron el software de la computadora dotándola de esa capacidad de improvisación que tan bien conocemos los humanos y que solemos emplear casi de forma kamikaze para salir de atolladeros y situaciones un tanto comprometidas. Esta vez no falló y Deep Blue barrió a su oponente.
Más allá de un simple juego de estrategia sus progenitores decididos a probar si era capaz de evolucionar decidieron someter a la máquina a una prueba mucho más compleja y con un nuevo casi ilimitado de factores variables en décimas de segundo: un escenario real.
Suecia país nórdico y frío donde la disponibilidad de la energía que se produce en sus fronteras es vital para el sostenimiento de la vida tal y como la conocemos hoy en día sería el nuevo tablero de ajedrez. Conectada Deep blue al sistema de control energético del país todas las operaciones y variaciones dentro de las líneas de producción, almacenaje y distribución pasaban por sus circuitos en principio analizando y recopilando información. Acto seguido se le dejó el control de tan sofisticado sistema a ella misma. Sin vacilar empezó a tomar decisiones que entraban dentro de la lógica y durante una semana los resultados eran esperanzadores reduciendo el tiempo de decisiones a 0,1 segundos. Entusiasmados por la respuesta de la computadora la probaron en un escenario un tanto alarmante simulando una avería en una de las grandes líneas energéticas. Durante su fase de aprendizaje nunca ocurrió y los programadores se planteaban cuales serían las directrices y el protocolo que Deep blue tomaría.
Saltaron todas las alarmas, la máquina respondió de forma muy correcta y adecuada como lo hubiese hecho cualquier ser humano experimentado en años en ese puesto de trabajo. Un poco abrumados y por qué no decirlo asustados por el comportamiento de la máquina decidieron desconectarla. El proyecto aunque según fuentes de IBM fue retirado, se estipula con que dicho proyecto continúe bajo el más estricto secreto y esto, no es ningún juego. Mary Mary Shelley tenía razón.
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