En las coordenadas 40°57′05″N0°52′00″E al pasar con el coche por la carretera N-340 que comunica las poblaciones costeras de levante uno se detiene frente a una estalagmita de hormigón que sobresale por encima del paisaje metálico. En su interior late la fuerza controlada de un pequeño sol que genera 7.023 GW·h. La misma energía que me permite escribir estas líneas no sin que acudan a mi mente las desoladas imágenes de lo que meses atrás sucedió en la central nuclear japonesa de Fukushima. Detengo el coche en uno de los accesos, el aire tranquilo. La vida discurre al lado de la muerte sin demasiados temores. Aquí, la energía se transforma en vida. En otro lugar, a miles de kilómetros de distancia en la frontera franco-suiza, miles de científicos recorren los laberínticos pasillos subterráneos del CERN buscando provocar en pequeños big-bangs, la explosión de un micro universo que aclare como se formó lo que hoy denominamos "el punto cero o inicio cósmico".

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