Solitario, embebido en si mismo, como un agujero negro, propio.
Solo el viento silbando, frío y radiante,
en los cristales de la terminal donde nadie llegará.
En este lugar, me siento pesado; la fuerza gravitacional hace su efecto.
No hay aviones capaz de semejante desafío.
Ahora existe la noche.
Ahora es la nada.
El vacío absoluto, inservible.
Frente a su alambrada soy libre. Enorme pista apagada, a oscuras.
Un universo sin estrellas, sin voces ni pasos.
Tampoco lágrimas,
de despedidas... o reencuentros.
Escala 1:1, real. Perpetua arquitectura funcional,
carente de función.
No hay comentarios:
Publicar un comentario