La pandemia que estamos sufriendo ha cambiado el mundo. Y con el, nosotros. Lo que no cambia es la estupidez humana. Los hombres cambian, las mujeres cambian, la industria cambia, pero lo que parece inmutable es la facilidad de los seres humanos para que las grandes compañías se rían en nuestra cara jugando con nuestro dinero. Hace dos semanas se puso a la venta lo nuevo de Rockstar Games, una colección de la aclamada saga Grand Theff auto. Su salida al mercado ha vuelto a confirmar el poco respeto de la industria del videojuego por los usuarios.
Dicha trilogía llevaba acaparando titulares y rumores desde principios de verano y, cuando por fin confirmó fecha de lanzamiento, el hype no hizo más que aumentar en proporciones casi bíblicas. Más que un videojuego, parece una estafa, o una broma macabra. O quizás, ambas. ¿Cómo puede un estudio tirar por la borda su reputación presentando un producto deficiente en todos los aspectos? No cuidar de un legado puede resultar desastroso para cualquier empresa. En tus productos, está implícito parte del ADN que define a cualquier corporación. Más aún cuando tu propia creación es idolatrada por millones de jugadores alrededor del mundo.
Ahora mismo, tras ver el resultado del remaster de esta compilación, tengo miedo, mucho miedo. Un sudor frío recorre mi espalda cada vez que leo una noticia sobre la posible llegada de un remaster del juego Red Dead Redemption. Un videojuego al que considero una obra maestra. Su guión, sus personajes, su trama. Parece realizado con la magia de Sergio Leone o John Ford. Todavía recuerdo aquella sensación que producía la cabalgada de John Marston entrando en México mientras sonaba la canción “Far away” interpretada magistralmente por José Gonzales a la guitarra. Los acordes de la pieza son tan reconocibles como las obras que acompañan al jinete sin nombre en la trilogía de Leone por el desierto almeriense o en aquel duelo a tres en el cementerio de Sad Hill, en tierras burgalesas.
Red Dead Redemption es un western crepuscular. En los dos títulos que forman esta saga, vemos el ocaso de un modo de vida en pro de la civilización moderna. Podemos sumergirnos en los cambios que se produjeron en los Estados Unidos tras la Guerra de Secesión, la conquista del oeste y la posterior guerra contra las tribus indias. Estos cambios están muy presentes a través de los diversos personajes que conforman su entramado y los paisajes que recorremos.
Recuerdo esperar con ganas la llegada de la segunda entrega y semanas después, contemplar absorto como el mercado de segunda mano se llenaba del mismo juego acusándolo de ser una experiencia aburrida y lenta. No era un GTA de caballos. Por suerte, no se parece a Grand theft auto. Es un título para saborearlo lento, con calma. Disfrutando de sus paisajes y la experiencia de sumergirte en películas como “Centauros del desierto” o “Sin perdón”. Cuando escucho a ciertas personas nombrar a Red Dead Redemption como el GTA de los caballos, me recorren unas ganas enormes de empapelar el salvaje oeste con los clásicos carteles de “Se busca” pidiendo una recompensa por las cabezas de semejantes individuos. Luego pienso que únicamente son una banda de idiotas que no entiende de videojuegos, menos aún de cine y se me pasa.















