Existen ciertas obras, ya sea en
el cine, en literatura o en videojuegos que no son para todo el mundo.
Nietzsche, el gran filósofo alemán del súper hombre, calificó a su libro “Así
habló Zaratustra” como un libro para todos y para nadie. No todo lo
que se publica tiene que ser para las masas. Aunque eso signifique una pérdida
considerable de mercado y, por ende, de beneficio.
Suelo rehuir del término
“Mainstream” por su ambivalente significado y porque concibo que, si algo gusta
a todo el mundo, es que nada en particular hace bien. Ocurre lo mismo con
ciertos directores de cine. David Lynch es un gran ejemplo. Su obra es
inclasificable, trasgresora y nada convencional. La mayoría de los espectadores
rehúye sus películas siendo quizás, “Twin peaks”, lo más conocido entre
el público. Un gran drama criminal con tintes surrealistas que ha influenciado
en todas las series policiacas o thrillers modernos. Jordi Costa, crítico de “EL
País”, definió al cineasta de Montana como un artista plástico que, en
determinadas ocasiones, ha sustituido el pincel por la cámara.

Lo mismo ocurre con escritores de
la talla de Chuck Palahniuk y sus heterodoxos libros llenos de personajes
antisociales al punto de ser parias de la sociedad moderna. Su último trabajo, “El
día del ajuste”, me ha sentado en el cerebro como un puñetazo en la boca
del estómago. Adoro todo lo que se sale de lo convencional aún a riesgo de
verte reflejado en un espejo donde no todo el mundo quiere mirarse.
Parafraseando al genio alemán “Quien con monstruos lucha, cuide de no convertirse a su vez en
monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de
ti.”

Las personas no destilamos luz u
oscuridad. Somos seres de contrastes. Llenos de claroscuros y grises. Esos personajes
son los que consiguen captar toda mi atención ya sea en un libro, videojuego o
en una canción escrita en la servilleta de un bar mugriento a altas horas de la
madrugada. En ellos hay más humanidad que en la falsa apariencia de lo
políticamente correcto y la absurda perfección. Yo mismo he luchado largo y
tendido contra los monstruos del dogma perfeccionista. Por eso, en mis sesiones
de juegos de rol, interpretar a personajes oscuros, con una marcada dualidad en
su psique presentaba todo un desafío a mi propio entendimiento.
Los juegos indies me ofrecen la
posibilidad de salirme de lo común. Y la gran mayoría no llega a grandes
audiencias. Es lo que sucedió con “Disco Elysium”, un juego de rol
narrativo de 2019 que ahora sale por fin en físico traducido al español. El
pequeño estudio ZA/UM nos enfrenta a un juego duro, con personajes atormentados
por la depresión y el alcohol en un país devastado por la guerra. La diferencia
es su narrativa porque, dos años después, sigue sin haber otro título mejor
escrito. Indaga en la personalidad, la mente y los instintos de los personajes
como ninguno otro ha sabido hacer.

Cuando lo juego, tengo la extraña
sensación de estar frente a una partida de rol de antaño. Aquellas reuniones en
una mesa, con sus fichas de personaje y sus dados. Esos enormes manuales de rol
hicieron enamorarme de la literatura y comenzar a escribir pequeños guiones
para las aventuras que jugábamos, y sin saberlo, se convirtieron en grandes
profesores de literatura o interpretación. Seguro que Álex de la Iglesia tiene
una opinión similar.